Algo malo sucede con Cancún

Festejos tibios e intrascendentes una y otra vez para los aniversarios de la fundación de Cancún son una costumbre que supera en la balanza a la nostalgia pionera y que generalmente me hacen enojar. No voy a hablar de estos sosos festejos, así que sin más preámbulo, entremos a lo que nos interesa.

En la pasada XXXIV edición de la Feria Internacional del Palacio de Minería (2013), Quintana Roo fue el estado invitado de honor. ¿Cuántos libros de Cancún se presentaron ahí con su autor? La respuesta es uno: El colapso del tiempo (Niram Art Editorial, 2012). A final de cuentas, lo notorio es eso: solo un libro de Cancún tuvo vitrina en la agenda de un estado invitado a la segunda feria literaria más importante en el país después de la FIL Guadalajara. ¿Hay explicaciones para eso? ¿Qué llevó a Quintana Roo a tener solo un exponente literario de su ciudad más poblada y de mayor poder económico? ¿Qué sucede con la industria editorial aquí?

Decir Cancún evoca imágenes en casi cualquier parte del mundo, pero, ¿imágenes literarias? Lamentablemente, no. Algo malo pasa con su literatura. Este es un pequeño estudio sobre una problemática, que, como bola de nieve, sigue rodando en una pendiente hacia abajo, creciendo y sin aminorar su marcha, amenazando con sepultar en un alud a los que quieren escribir de y en su ciudad, de y en su estado.

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Identidad cancunense”, un espejo que no nos devuelve el reflejo

Cancún se divierte con solo mirarnos. Juguetea y no se deja agarrar, es una traviesa pícara y lo sabe. La miramos a los ojos, nos intentamos buscar ahí y no dice nada de nosotros, nos pinta un signo de interrogación en la cara con una risita de descaro. ¿Por qué? Lo más fácil es decirle como habitante lo que salta a la vista: es un lugar donde trabajo, estoy en una oficina enclaustrado por horas, o lo más curioso, trabajo sobre Ella, sobre su arena, su playa, llevo bebidas con hielo a los camastros con presteza, ato arneses de tirolesas y finjo con sonrisa estándar que me interesa saber de dónde provienen los turistas que lanzo en serie desde cuarenta metros de altura, enseño cabriolas a los delfines actores y saco cientos de fotos diarias con caras, sonrisas, momentos que no son míos, pero inevitablemente pasan por mis manos.

Si le preguntamos a la ciudad por qué se ríe, quizá nos conteste —ya alcoholizada, un estado que no le es desconocido, cuando se dicen las cosas de verdad—: “me disfrazo de maya amigable, de charro o de cualquier otro personaje de la República Mexicana con la cual mi visitante pueda exteriorizar una empatía de por sí lejana, o lo que es mejor, pueda experimentar las mismas sensaciones que se viven en un circo, con un teatro gigantesco y sus graderías llenas. El teatro, el coliseo, es el propio hotel donde ofrezco alojamiento con todo lo habido y por haber pagado de antemano y mis playas privadas donde no se convive con nadie más que con mis huéspedes: personas sin rostro, que se saben parte de un grupo por un brazalete de identificación ajustado a la muñeca. Y por la noche bailo, sacudo el cuerpo hasta que amanezca. Despierto en los brazos de quien me apetezca, amaneceres interminables en el Mirador.”

Esta entidad femenina, Cancún, no puede tener identidad mayoritaria: se vende al mejor postor, al grado de no importarle crímenes ecológicos o de guante blanco. Nadie puede fraternizar con un ente así, es parte de una realidad moral y los mexicanos somos expertos en aplicar la moralidad en situaciones incómodas. Esa «identidad» resultante es tan flotante como su población, y estoy bastante seguro que por lo menos en varios decenios no pasará nada sociológicamente sólido con una ciudad cuyo principal motivo de existir sea alimentar al Turismo y que todos los esfuerzos de las instituciones sociales, gubernamentales y educativas (desde el nivel secundaria) estén encaminados en crear una sociedad que trabaje automáticamente para este fin: que vaya a gastar su dinero a la plaza, juegue fútbol, vea su cine hollywoodense y en familia si es posible, camine en el malecón y gaste más y más. Todo eso sucede dentro de una dinámica de subciudades divididas, dependiendo de la clase social y adquisitiva, y algunas veces, por lugar de procedencia.

Cabe señalar que han querido ponerle máscaras a nuestra ciudad, esa chiquilla incontrolable: un vestido de gala para recibir a los visitantes y convenciones internacionales, a los presidentes y a los reyes; pero también se le pone un vestido viejo, maquillaje y zapatos para presentarla como un objeto de nostalgia, de amor a los orígenes que ya se fueron y que se niegan a superar: las mismas asociaciones de fundadores, pioneros y demás gente que se reúne en privado a celebrarse con un amor propio y de socios que pusieron la primera piedra de algo y que realmente vivieron mientras se trazaban calles, se rellenaban lagunas y se carecían de cosas. Se aplaude la intención que renuncia a morir aunque se fundamente en el pretérito; sin embargo, su organización es tan endeble y pretenciosa, y en unos casos meramente mercantil —no se hace más que evocar entre suspiros y fotografías y hablar hasta el cansancio de cuanto mejor era la calidad de vida en el pasado, de la educación y seguridad, la naturaleza que abundaba más— y que hoy al grueso de la población no le interesa en lo más mínimo. No permea en una sociedad polarizada, heterogénea (crisol de identidades si nos ponemos poéticos) porque a la gente le importa muy poco el origen de una ciudad a la cual se va a trabajar y a gastar su dinero, si se llega en plan aventurero o de padres solteros, etc. Un ente que se vende al mejor postor, alguien con la que no se empatiza. Las historias de la génesis de una ciudad —creada para el turismo— que se mezcla continuamente con los orígenes de cada persona que llega de fuera hace imposible el permeo, incluso con la gente que lleva radicando aquí años o décadas, porque es difícil encontrar ciudadanos, habitantes que se identifiquen más allá del conocido cliché convertido en un chascarrillo constante de que son “orgullosamente cancunenses”. No voy a abarcar ampliamente el tema de preguntarse hasta dónde realmente empieza la tarea de saberse cancunense, eso es demasiado subjetivo a estas alturas y con los precedentes ya sentados a la mesa. Pero si queremos empezar a bordear el tema, se puede empezar por el tema de defender causas comunes que atenten contra la integridad de la misma ciudad y sociedad. En este caso, son pocos los que han defendido causas realmente buenas, como la oposición a la deforestación y anunciado final del Ombligo Verde[1], una de las pocas zonas arboladas y protegidas de la ciudad y con la que el gobierno municipal quiso acabar en 2010. De hecho, personas que pertenecen a las asociaciones que acabo de mencionar fueron partícipes de eso, pero fue una victoria aislada, un triunfo de un puñado de gente que permaneció férrea hasta la resolución del caso. El grueso de la población ni se metió en el conflicto o lo ignoró, como sucede en la mayoría de los problemas públicos que competen a esta ciudad. La zona terminó convirtiéndose en una reserva ecológica protegida a pesar de que fue depredada en parte.

Hay una cultura en Cancún: enorgullecerse del Turismo, del trabajo duro dentro de él y utilizar el tiempo muerto consumiendo

Aldous Huxley lo expone claro: «el retorno a la cultura. Sí, sí a la cultura. Pero no se consume gran cosa cuando se pasa uno las horas muertas leyendo libros.» Ciertamente esto es una máxima en la ideología institucional de Cancún. La cultura ha sido a través de la Historia como dependencia y como entidad propiamente dicha un adorno institucional y última prioridad por no decir nula en la agenda de los H. ayuntamientos y gobiernos estatales. Sin embargo, la cultura del Turismo como trabajo noble y de presencia permanente, incluye el falso disfrute de la cotidianidad, el esfuerzo duro y ese estrés necesario con el que se regresa al hogar para intentar balancear prolongadas ausencias con el alcohol y ese frágil núcleo familiar esperando a diario. Y los niños: ni pensar en diversiones culturales para ellos. No malinterpreto: al referirme a “no hay” es que no hay programas sólidos que atraigan al grueso de la población infantil y sus familias, o se cobra por ello una cantidad que no corresponde con lo que se ofrece y termina sepultando las buenas intenciones. Hay pocos (y con decir pocos, dos o tres personas) que llevan la cuestión infantil con inteligencia y sobreviviendo por el amor al arte y su punch efectivo de trabajo.

En cuestión literaria hay poco que decir en su relevancia: la Casa del Escritor de Cancún funcionó un tiempo y se esfumó sin que casi nadie recuerde su existencia. No se dispone de un fondo editorial efectivo en Quintana Roo, y al menos a nivel municipal, la respuesta repetitiva es que no hay recursos para ello y las personas que trabajan en las dependencias de Cultura juegan al burócrata ilustrado e intentan sobrellevar una administración cultural que no se ha cansado de jugar ese mismo rol sin chiste a lo largo de los trienios. Los certámenes literarios se reducen a una sola publicación por año donde se llegan a transcurrir incluso años para que el apoyo llegue a los ganadores y puedan ver su libro impreso. Además, los «ganadores» generalmente terminan perdiéndose como escritores sin mayores proyectos ni continuidad literaria. Todo esto tuvo —y tiene hasta hoy— una losa increíblemente pesada sobre las letras cancunenses y ha provocado el panorama que veremos más adelante.

La Historia en letras de un periodista

Solo hay una persona que parece comprender la dinámica de la historiografía de Cancún en sus mayores vertientes, a través de un método experimental, teórico y de campo, y qué decir, periodístico: Francisco Verdayes Ortiz. Mientras otros se devanan exponiendo falsedades, versiones propias y egoístas del pasado difuso de nuestra ciudad creada ex profeso para el turismo, él consiguió lo que nadie aquí: mantenerse por una década ininterrumpida en una revista gratuita dedicada en su mayor parte a descubrir el pasado a través del acierto y error, de establecer verdades y desechar mentiras; bases que estableció para fundamentar una Historia sólida, ya no digamos homogénea y que sea aceptada por los que aún sobreviven la etapa de fundación y establecimiento de la década de los sesenta y setenta. Bajo esa premisa Cancún sobrevive en su corta Historia: Revista Pioneros reúne el mayor acervo de información con datos que incluyen el antes y después del proyecto que tomó forma en una ciudad turística.

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Francisco Verdayes Ortiz, incansable investigador del pasado y presente de Cancún. Su trabajo, referente inmediato para cualquier investigador, ha opacado fácilmente a Fernando Martí.
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Durante 10 años, Pioneros ofreció de forma impresa un acercamiento a la cultura e identidad de la ciudad (sin costo alguno para el público). Hoy solo opera de manera digital.

Para añadir otra curiosidad y cerrar el tema histórico de la ciudad, su cronista «oficial» Fernando Martí, vive de ese cargo gracias a una publicación realmente buena que ilustra la historia documentada de la creación del Proyecto Cancún y sus inicios, acompañado de anécdotas y fotografías. Actualmente el sr. Martí es un empresario que no aporta nada en letras sobre esta ciudad, y si lo hace, resultan en pobres intentos que no le hacen ninguna justicia a Fantasía de banqueros de 1985. No sé si fue para reivindicarse tras la presión que tuvo de algunos grupos de Historia e Identidad para que abandonara el cargo, pero organizó una reunión de cronistas en 2014 —con el motivo del aniversario de la ciudad—  y que no ha tenido mayor trascendencia hasta el momento para el mundo cronístico del municipio. Reproduzco lo que se comentó en esa reunión, en palabras del propio Martí:

“En cuanto a Cancún en su 44 aniversario, veo a una ciudad muy dinámica y fuerte, con un horizonte sólido, con una vertiente turística que sigue permitiendo hacer un gran negocio, figurando siempre en el primer lugar de número de turistas que lo visitan y la derrama que generan”[2].

Bajo esas palabras de un cronista, de alguien que debería tener una visión más amplia respecto a contar las historias que se viven en la ciudad a la que se representa, solo salen bocanadas de aire con cifras y no letras ni párrafos que representen algo, y el cronista termina identificándose claramente como parte de una maquinaria turística y política que funciona como ya explicamos en párrafos anteriores: sin el Turismo, Cancún no funciona, ahí el miedo básico de un empresario e inversionista, y del político que la maneja. Bajo estas premisas, Cancún intenta sobrevivir a su corta Historia, en letras.

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Fernando Martí, incansable empresario. Cada cierto tiempo, escribe algo de Cancún. Su último trabajo, 60 horas con Wilma, carece de sustento y las versiones recopiladas fueron fácilmente refutadas por las fuentes oficiales, por lo que ni siquiera se le puede llamar trabajo de investigación serio, aunado a una fatua y folclórica carta de protesta a un decadente Joaquín López Dóriga.

Las letras en Cancún: vergüenza internacional que no le importa

No estoy en contra en ningún momento de que la mayor prioridad de Cancún y Quintana Roo sea el Turismo. Sería insensato y torpe, porque el Turismo es el «petróleo» del estado y es como ya dijimos, su misión y objeto de ser en esta Historia de México y el mundo. Se acepta por los medios filosóficos, prácticos y de sentido común. Pero entrando con esa premisa de que el Turismo beneficia a Cancún, dejo la estadística en el rubro de letras. Hoy, el panorama se presenta más sombrío que nunca: en base a una investigación de la única revista literaria en la ciudad con suficiente historia y seriedad para permitírselo, Tropo a la uña[3], arrojó datos escalofriantes: de 2009 a 2013 solo hubo 28 libros publicados en Cancún, y como para mí es necesario avergonzar a esta veleidosa mujer de 45 años que ha sido maquillada lo más que puede, vestida de todas las banderas del mundo y con zapatos de baile relucientes porque tiene que estar muy presentable para recibir a todos los reinos y países, se desglosa en lo siguiente:

  • 11 libros de poesía
  • 2 de cuento
  • 6 de ensayo
  • 9 novelas

En su mayoría son autopublicaciones o encargos particulares a la imprenta, y solo una novela editada fuera del país, la de un servidor. Lo increíblemente dispar es este pensamiento que he formulado por algún tiempo y que seguramente pondrá a pensar: Cancún es una ciudad reconocible en casi cualquier parte del mundo, es una ciudad internacional, ¿por qué sus letras no lo son? ¿Por qué la cultura se reduce a efectos decorativos y se divide de gran forma al ser turista y habitante? Miguel Meza, director de la revista e incansable impulsor de la literatura en la zona norte de Quintana Roo, nos lanza la pregunta en estos números.

Cancún: su propio nombre de seis letras lo han hecho un triunfo de México, como expresara Antonio Enríquez Savignac, considerado uno de sus «padres», y es asombroso cómo esa palabra de dos sílabas en el mundo civilizado evoque imágenes de playas, palmeras, arena, sol y diversión desenfrenada, «vacaciones». Cancún vive bajo ese concepto por naturaleza, por concepción desde sus entrañas, esa es su misión y no se alterará jamás. Es aquí cuando entra el problema de las letras en una ciudad como Cancún: no se pueden respetar ni a sí mismas, no se pueden sostener y terminan quemando a quienes lo intentan: presentaciones para la familia y amigos del autor del libro, pedir favores para obtener espacios (como si esto lo fuera) a los pocos sitios culturales, esperar una respuesta titubeante que se transforma en silencio o negativas de las instituciones (y cobro en algunos casos, sí, cobro por presentar un libro) y tras la presentación, firmas y aplausos de un núcleo reducido adyacente al lector, para finalmente volver al vaivén de las olas de lo mundano. Ahí acaba el sueño de un libro publicado en Cancún, y de los escritores que lo permiten.

Los conocidos literatos desconocidos

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Carlos Hurtado.
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Alicia Ferreira.

¿Dice algo el nombre de Alicia Ferreira a un cancunense promedio? ¿Qué tal Carlos Hurtado? ¿Rodrigo De la Serna? ¿No? No es para menos. Empezamos con la maestra Alicia Ferreira Aldaz, de origen uruguayo pero con residencia en esta ciudad desde fines de la década de los 80, reconocida en la Casa de la Cultura por sus incansables talleres literarios y promoción cultural: no tiene publicada su obra completa hasta el momento. Está considerada como una de las poetas más «férreas y consistentes» de Cancún y una autoridad en la materia. Pero su obra se resume en tirajes de 100, 250 y 500 ejemplares en ediciones artesanales o personales[4], lo que condena su gran figura a un anonimato casi absoluto y extremadamente local. No hay ningún reconocimiento oficial de parte de alguna institución de Cultura por su trayectoria; la escritora se vio mermada físicamente y a pesar de las dificultades pudo presentar una obra recientemente en 2014 titulada Noticias del pueblo, en una presentación donde encontramos también una edición independiente y de muy poco tiraje. Después de su reciente fallecimiento en 2015, no hubo mayor trascendencia con su obra y figura dentro de la literatura cancunense.

La situación con Carlos Hurtado es un tanto similar: tras su éxito con Crónicas urbanas, columnas en diarios locales publicadas alrededor de la mitad de la década de los 90 con gran aceptación del público, coordinó y compiló con el citado Miguel Meza Voces de ciudad joven (1995)[5] donde se reúnen cuentos de 21 escritores que se afincaban en Cancún. Con esto se lograba un paso importante para la difusión de la de por sí incipiente literatura local, y a pesar de sus deficiencias en edición, logró posicionar en ese entonces algo mejor lo que se escribía en el municipio. Su trabajo tuvo un punto culminante con la publicación de la novela Cancún todo incluido (2001), la primera novela que se dedicó exclusivamente a esta ciudad, con sus problemas actuales y basada en una realidad de sátira política y los problemas acuciantes de una ciudad que empezaba con los primeros estertores de crisis social, ecológica y política. Tuvo una difusión mayor por los temas tratados y reconocida por Juan Villoro. Sin embargo, tras esto, la producción literaria del maestro Hurtado se redujo a una novela sobre las relaciones en internet, Otra vez las margaritas (2009) y se logró una segunda edición de Cancún todo incluido en 2011 que pasó sin pena ni gloria por los estantes literarios de la ciudad. Al final, intentó regresar al periodismo digital, pero su cáncer lo consumió y falleció también a principios de 2015. Resultado final: reconocimientos póstumos fríos y locales de los periódicos y revistas donde laboró. La medalla de reconocimiento al mérito ciudadano “Sigfrido Paz Paredes”, que debió concedérsele de manera póstuma a cualquiera de los dos anteriores escritores, fue en efecto un premio póstumo pero a un hotelero: Roberto Cintrón[6]. Tal es el alejamiento cultural de las instituciones en esta ciudad.

Rodrigo de la Serna escribió un libro que se divide en una investigación sobre fray Diego de Landa y una novela: El resplandor y la sombra (2009) y aunque esta edición fue apoyada por el fondo editorial del ayuntamiento de Solidaridad (Playa del Carmen) hay que señalar que la trama de la novela está centrada en diferentes líneas temporales de Cancún, en un ambiente que va desde la ciencia ficción y fantasía, un interesante cóctel que refleja varias etapas del inicio y crecimiento de esta ciudad. La novela tuvo una suerte parecida a los anteriores personajes. Actualmente De la Serna radica en Playa del Carmen y es periodista.

Más estadísticas lapidarias. ¿Si no se lee, se escribe?

El periódico Novedades de Quintana Roo publicó en enero de 2014:

“A nivel internacional la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés), indica que en Alemania la población lee un promedio de 12 libros por año, es decir, en nueve años y dos meses y medio, un habitante de Quintana Roo logra lo que un ciudadano de dicho país europeo hace en 12 meses.”[7]

Quizá el problema de lectura no sea de las instituciones ni de los escritores, pero insto a involucrar al que escribe: tiene que hacerse parte del problema. En vista de lo anterior, y en eso hay que ser enfáticos, las letras en esta ciudad tienen su mayor mérito con base en esfuerzos independientes y en exclusiva del impulso que pueda darles el escritor en turno, al margen de un beneficio que se supone debería retribuir el Turismo —el petróleo de Quintana Roo— a la cuestión literaria. Como podemos comprobar hoy, en su gran mayoría estos esfuerzos han sido vanos, cortos, mochos o chatos, y eso parte del poco interés en una Historia, en una sociedad que no se puede identificar, y que no se inquieta por la cultura que pueda presentar: la ciudad donde radico, ¡un lugar paradisíaco! donde trabajo, como y me divierto. Hay algo que falta, ¿pero qué? ¿Qué pasa con los que presentan alguno de los anteriores síntomas? Evocan. Evocan imágenes de su ciudad de origen, lamentándose del clima de aquí, de las carencias y la comida, sin llegar realmente al fondo del problema de insatisfacción personal, eso que les hace falta para variar la rutina citadina; que si en el DF, Querétaro, Guanajuato o Guadalajara hay esto o lo otro y aquí no, y entonces se quedan abstraídos en una especie de existencia lineal, paralela pero fuera de lo que implique un contacto real con las calles que pisa, insensibilizando esa parte que incluye la identificación con Cancún y la cultura que pudiera ofrecer. Entonces termina absorbido por el modus vivendi del cancunense promedio, fuereño o nativo: prefiere ir a satisfacer necesidades básicas al supermercado, a las playas públicas y a las plazas, ver películas en una sala de cine o rentarlas, y encerrarse en una burbuja que lo proteja de la hostilidad del ambiente de trabajo, del Turismo y de las personas que se quieren meter a fuerza de buscar una identificación (¿Eres del DF? ¡Yo también!) y entrar a su círculo íntimo y de confianza —y en casos últimos, de la inseguridad—. A veces es todo lo contrario: la gente viene a hacer y a dejarse hacer, a probar nuevas cosas en el trópico insinuante y provocador de fantasías y promesas que se van alargando cada vez más en tonos masoquistas. Incluso, es difícil hacerse de amistades duraderas, de parejas y familias que duren el umbral de los dos años críticos, además de tasas elevadas de suicidios y gente triste e inconforme de acuerdo a encuestas realizadas en 2013, pero ese es otro tema. Algunos prefieren satisfacer su curiosidad de exploración y se marchan cuando llega el hastío y aburrimiento, se termina el contrato laboral (siempre temporal, por cierto), la temporada baja de ocupación turística fue cruda o los asustan las rachas del primer huracán. ¿Letras de Cancún, en Cancún? Ya pueden aparecer las risas grabadas y que resuenan en ecos sobre los que intentan hacer algo en una ciudad así. No se puede tener una impresión más homogénea de Cancún si no se le da la oportunidad de contar sus historias, sus poemas, su narrativa. No se deja, no hay para ello.

Para finalizar

En resumen, a la propia Cancún no le importa sonrojarse ante las risas de quienes piensan que aquí no se puede escribir, de que aquí no hay una cultura sólida de las letras; lo que le importa es que sus invitados paguen y disfruten, hagan lo suyo y se marchen sanos y salvos. Que pisen sus arenas, que se remojen en los turquesas de sus litorales y se lleven recuerdos comprados en la boutique más cercana. A Cancún se le perdona, se le da una palmadita de vez en cuando a la niña traviesa y se le sigue perdonando hasta el momento como una chiquilla malcriada. Y es crudo decir que tampoco a esta chiquilla le interesa lo que suceda con las letras a través de personas valientes, con buenas o malas intenciones, ignorantes o mercantilistas, en fin, todas con intentos de acaparar algo que al final se convierte en puñados de aire. A final de cuentas, las letras en este Cancún donde nací hoy se sostienen precariamente en una carpa que amenaza con caerse a cada momento, y cuando el último escritor o aspirante a serlo se canse de sostenerla, caerá en definitiva y ya no habrá rescate posible. Todos habremos emigrado ya.

[1] http://www.revistavortice.com/index.php/103-la-mirilla/2446-el-ombligo-verde-sera-la-primera-reserva-ecologica-municipal-de-cancun

[2] http://www.sinembargo.mx/22-04-2014/970545

[3] http://issuu.com/tropoalauna/docs/tropo_1_electr__nica, pág. 12

[4] http://issuu.com/tropoalauna/docs/tropo_1_electr__nica, pág. 7.

[5] http://www.geocities.ws/libros_espranza/voces.htm

[6] http://www.oem.com.mx/diariodequeretaro/notas/n3772816.htm

[7] http://sipse.com/novedades/los-quintanarroenses-no-son-adictos-a-la-lectura-71179.html

17 comentarios en “Algo malo sucede con Cancún

    1. Mauro Barea dice:

      Muchas gracias por el aporte señor Folgarolas, no queda más que seguir trabajando y en la individualidad conseguir una colectividad mayoritaria que nos ayude a paliar de mejor forma estos problemas. Los esfuerzos individuales por ahora son los que apenas salvan esta situación: colectivos, círculos de lectura, cafés culturales y artistas que no se conforman con lo que ven y hacen. Un gran saludo.

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  1. Cristina dice:

    Es triste, sin embargo comparto la opinión que se debe de trabajar de manera individual para ir creando una conciencia colectiva. No apagarse y mantenerse firme de que se puede lograr consolidar una identidad propia. Hay que buscar los ¿Cómo puedo harcer? Adoro cancún. 😊 Saludos.

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    1. Mauro Barea dice:

      Hola Cristina, agradezco tu comentario. Se puede hacer bastante desde la propia atalaya, desde la propia trinchera. Si eres alguien que produce arte, no cejar y seguir intentando hasta que se logre, si no, como lectora y ciudadana crítica estar consciente de lo que se hace en la ciudad y apoyar los eventos con tu asistencia e interés. Un gran saludo.

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  2. Anónimo dice:

    Llegue hace unos meses a Cancun y lo primero que pregunte es donde esta la actividad cultural de cancun… Me dicen en la casa de la cultura alli me dirijo. Estaban de vacaciones y sin saber cuales serian las posibles actividades. Entonces me dedique a observar la ciudad … llegue a mi propia conclusion y aun me falta conocerla….pero si ..es verdad algo malo pasa con Cancun ….

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      1. Mauro Barea dice:

        Hola Grace, gracias por tu comentario, aprovecharé para puntualizar ciertas cosas que no deben quedar en el tintero: en primer lugar, en Cancún la cultura SÍ existe. El que sea con base en esfuerzos individuales muy valiosos pero que no permean en el grueso de la población, es otra cosa. Me enfoqué en el ámbito de las letras y editorial que es donde me he desenvuelto mayormente, aunque he sido testigo de maltratos y negocios turbios con la Pintura y los monumentos de la ciudad. En segundo lugar, la Casa de la cultura de Cancún es la institución que más apoya a los artistas independientes, cobijándolos de un espacio, aunque bien es cierto que tienen su periodo de vacaciones y prácticamente se detienen sus actividades en sus instalaciones. Pero en lo que respecta a su organización, mis respetos, trabajan con lo que tienen y con recursos limitadísimos, pero funcionan.
        Infortunadamente y como pudimos ver, la “celebración” de los 45 años de Cancún fue un acto en esencia político y de las organizaciones decadentes de los “fundadores”. Aclaro que no todas las personas que lo integran son como puse en el artículo, y algunas se llevan mi total respeto y reconocimiento por lo que han aportado a esta ciudad, sin embargo, la mayoría son adornos nostálgicos de una época que no volverá. Un gran saludo.

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  3. Gabo dice:

    HOLA.
    PIENSO QUE UNA BUENA FORMA DE FOMENTAR LAS LETRAS Y LA CULTURA EN GENERAL ES ASISTIENDO A LOS EVENTOS QUE CON MUCHO ESFUERZO SE PREPARA.
    HOY VOY A ASISTIR A UNO EN EL PLANETARIO CON EL TEMA DEL METEORITO QUE CAYO EN YUCATAN Y ES IMPARTIDO POR CATEDRATICOS DE LA UNIVERSIDAD DE YUCATAN.
    GRACIAS POR SU ARTICULO ES MUY BUENO Y DESEO QUE MIS HIJOS OBTENGAN DE ESTA CIUDAD MAS CULTURA EN GENERAL.
    SALUDOS.

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    1. Mauro Barea dice:

      ¡Por supuesto Gabo! El interés de la sociedad es lo que un artista agradece, el despertar de ese letargo de “no leer por no tener tiempo”, por estar trabajando o simplemente quitarse la etiqueta de “no querer”, siempre debe de haber tiempo y la voluntad para contribuir con la asistencia a los eventos culturales, de otra forma, las consecuencias las veremos en nuestros hijos y nuestro propio bagaje cultural. Definitivamente no hay que cejar, aunque se vislumbre difícil. Un saludo y gracias por comentar.

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  4. Gloria Colin dice:

    En una opinión muy personal, creo que debe mencionarse a Miguel Ángel Meza, impulsor de la Casa del Escritor. Gracias a él y a los talleres que ahí se impartían, pude lograr mi sueño de acercarme un poco a las letras (porque yo tenía una formación técnica). Durante los últimos 15 años he trabajado de manera independiente para elaborar textos publicitarios, comunicados de prensa y corrección de estilo. Quiero hacer también un cariñoso reconocimiento a mi maestra y guía Pepita Ramos QEPD. Qué pena que ambos personajes tan esforzados en mejorar la cultura de Cancún, estén ahora olvidados. También debo recordar a mi querida Maty Roca, Ricardo Corona, Alejandro Folgarolas, Rudy García. Todos ellos en distintos ámbitos pero que son promotores de la cultura en Cancún.

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    1. Mauro Barea dice:

      Por supuesto, su estudio (y descuido mío aparte por no mencionar) de Tropo a la Uña pertenece a él y a Lizbeth Peña, que se dedicaron a recolectar información, y es Miguel Meza quien dirige la única revista literaria seria en Cancún. Por supuesto que Miguel es una piedra angular de la literatura y su incansable trabajo ha resultado en las Voces Cancunenses y Tropo mismo. Un gran saludo Gloria y agradezco de verdad tu aporte. Pondré tu precisión en el texto.

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  5. Clipita dice:

    Hola a todos. No soy de México. Leí el artículo por casualidad. Pero en mi país hay lugares que son de mucho turismo y poca lectura. Se me ocurre fomentar la lectura en medio del turismos. Es decir programar actividades como . lectura de poemas. En las noches en la playa. Tour históricos que incluyan conocer la vida de los artistas de la ciudad. Esta bien que un lugar así, atrae sus playas pero todos las personas somos diferentes y a muchos nos gusta la literatura y poderla encontrar en. Nuestro lugar de descanso sería bueno. Es una opinión. Perdón si desenfoco.

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