La cultura que nos pertenece

En febrero de 2013, cuando nos despedíamos en la Feria Internacional de Libro de Minería, Elvira Aguilar, encargada entonces de Bibliotecas del gobierno estatal, y organizadora de la participación de Quintana Roo en la XXXIV Feria del Libro de Minería, fue terminante cuando dijo “esto es prácticamente lo último realmente bueno que tendremos. De aquí en adelante, vienen tiempos difíciles”. Tras aquella dura revelación, sus palabras se volvieron proféticas y vino el desastre: la Secretaría de Cultura del estado se convirtió en subsecretaría, una adherencia de la  Secretaría de Educación. Puestos y recursos se redujeron; todo lo que correspondía a la cultura se cubrió con el prefijo sub de forma contundente, terminante e insultante. No habría nada para la cultura. Nada realmente bueno hasta que finalizara, por lo menos, el mandato de Roberto Borge Angulo. Y aún así, de continuar el mismo partido en el poder, no había nada seguro.

El ya saliente gobernador sí cumplió, y bien, en lo que toca a la desaparición de apoyos, convocatorias de pecdas, foncas y cualquier tipo de ayuda para los artistas; la subsecretaría de cultura fungió como un maniquí sonriente en las fotos de los precarios festivales estatales organizados desde entonces.

Cabe señalar que la deficiencia en Cultura no es exclusiva de este sexenio. Los últimos años fueron el colmo de la poca cohesión cultural que existe en el estado, y ésta se reflejó en el nulo apoyo a proyectos sustentables para gente que realmente vive por y para el arte, en cualquiera de sus manifestaciones. Como artistas tenemos parte de la culpa, es innegable: el paso de los años y gobiernos ha degenerado en que nosotros, como artistas, hemos permitido que las becas, apoyos y proyectos sean manejados por burócratas de segunda categoría. Hay casos de quienes, esperando apoyos para una publicación, dejan pasar años antes de ver materializado su libro, y además tienen que dar las “gracias” por hacerlo posible.

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Sonora Margarita no sólo vino a cantar, también  demostró sus dotes literarias en el pasado Festival de la Cultura del Caribe 2015.

 

Como escritor nacido y radicado en Quintana Roo hablo por el rubro que me corresponde:

No ha habido nunca -quizá lo hubo alguna vez- un fondo editorial efectivo e incluyente que brinde oportunidades para financiar ediciones de libros, antologías y revistas que nos den identidad como literatura quintanarroense y caribeña. Si han ocurrido fenómenos literarios en los últimos años, apenas si nos hemos enterados de estos y son proyectos independientes, o que se han desarrollado en otro lado.

Las Casas del Escritor han sido abandonadas o están en proceso de demolición por culpa del descuido, sobreviviendo por esfuerzos individuales y los llamados colectivos de letras. Las Casas de la Cultura de los municipios corren ese mismo riesgo, y cabe aclarar que éstas han sido de las pocas instancias incluyentes todos estos años.

Las publicaciones que difícilmente pueden patrocinarse de parte de Cultura del estado son cedidas a amistades de esos burócratas y a personas que escriben por pasatiempo, porque se les hizo buena idea publicar en un momento dado.

Quienes han estado a cargo de la Cultura estatal, con sus excepciones, poco o nada tienen que ver con ella: hoy la subsecretaría es un aparato burocrático vertical y desangelado que no da respuesta, ni ningún apoyo pese a la existencia de fondos federales. Lilian Villanueva, la subsecretaria saliente, no tiene ningún estudio o afinidad a la Cultura, y eso lo dice todo; como exreina de belleza, hizo lo que sabe: posar para las fotos y presentar libros a la Sonora Margarita, por citar ejemplos.

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Lilian Villanueva, principal responsable del rubro de Cultura en el sexenio de Roberto Borge.

Lo anterior ha provocado un pobre arraigo para ser llamado escritor quintanarroense, rara avis. Son habituales la desunión de las letras caribeñas con sus propios escritores y el vacío de ediciones estatales que guarden la memoria de su literatura, en especial de los “jóvenes talentos” o escritores que van surgiendo por el natural cambio generacional. Un caso notable es el del joven catedrático David Anuar González (1989), cancunense de nacimiento, que tuvo que emigrar a Mérida a formarse, y allá publicar estudios académicos sobre Quintana Roo y sus letras; logró que la Universidad Autónoma de Yucatán autorizara la primera asignatura de Literatura de Quintana Roo en su licenciatura de letras, algo que ni la UQROO tiene. Tal logro, alcanzado por el esfuerzo individual y patrocinado con los recursos del vecino estado, es para avergonzar al desastroso aparato cultural del estado.

 

Propuestas para Quintana Roo

Es fácil enumerar los problemas porque saltan a la vista y acusan al actual aparato político estatal. Sin embargo, el pasado 5 de junio Quintana Roo decidió cambiar la página con contundencia. Para que el cambio sea cabal, deben impulsarse propuestas nacidas de la comunidad cultural y académica, que nos devuelvan la facultad de recuperar la memoria, las artes, la belleza de nombrar a través de un poema, una pintura o un  cuento a Quintana Roo. Estas son mis propuestas:

Personas preparadas deben estar al frente. El órgano de cultura no puede presidirlo un burócrata sin formación en el arte y el humanismo, sin currículum probado. No estoy en contra de que se traiga talento de otros estados para guiar a los propios quintanarroenses a manejar su cultura en cuestiones de calidad, economía y sustentabilidad. Claro está que tenemos que aprender y reinsertarnos en ese medio, a través de quienes hayan tenido éxito; tampoco puede presidir Cultura un artista con doctorados que no sepa administrar los recursos.

Selección de los valores literarios. Que los concursos literarios de Narrativa y Ensayo a nivel estatal y municipal regresen, que se compita y se fomente la participación a los más jóvenes.

Debe ser mandatorio que las universidades públicas y los institutos superiores impulsen la creación de asignaturas y áreas humanísticas. Este apartado académico es esencial: tiene que ser participativo, crítico, y compartir el conocimiento con la sociedad, convertirse en enlace hacia el saber y la sensibilidad a través de las artes. Que sean verdaderos puentes que unan a la comunidad cultural con sus ciudades, que sean partícipes de su problemática actual. No podemos permitir que los proyectos académicos de letras se vayan a otros estados, cuando tenemos toda la infraestructura para apoyarlos.

 

Gaceta del pensamiento

Destacan, eso sí, los esfuerzos independientes, aquellos que, bregando contra todo lo señalado, permanecen. Es crucial que esos proyectos en marcha se les dé continuidad e impulso, pues han salvado innumerables obstáculos, los más provocados por las propias instituciones de Cultura, y que con todo eso dan la cara por Quintana Roo:

Nicolás Durán de la Sierra ha sido uno de esos pilares constantes de edición y conservación de la literatura quintanarroense en las que se ha podido apoyar el artista en los años de oscuridad: se ha mantenido como una propuesta inclusiva que abarca a una amplia gama de escritores con proyectos serios y congruentes que han publicado en sus páginas y plaquettes. Y no se habla sólo de literatura; es una inclusión de las artes, pintura, música, escultura y hasta temas políticos. De potenciar su alcance, tendríamos una revista cultural que sería mucho más conocida no sólo en el estado, sino también en el país y el Caribe.

También él, de nuevo, por medio del Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres, que es único en el Caribe (el Premio de Poesía de Cuba desapareció), ha representado a Quintana Roo dos veces con gran éxito. Llevado a cabo en uno de los municipios con más carencias, se ha demostrado que los esfuerzos individuales, en este caso un municipio, han podido hacer cosas grandes; sin embargo, es notable que estos esfuerzos significaran grandes sacrificios. Son varios los casos en los que, hasta dentro del aparato oficial, funcionarios han tenido que pagar proyectos de su propio bolsillo.

Elvira Aguilar Angulo, Agustín Labrada Aguilera, Raúl Arístides Pérez Aguilar, Ramón Iván Suárez Caamal, Norma Quintana, Lorena Careaga, Macarena Huicochea, Gilberto Avilez, Omar Capistrán, Francisco Verdayes, Héctor Cobá, por sus respectivos caminos, han sido portavoces de las letras estatales tanto en el ámbito internacional como a lo largo y ancho de la Península de Yucatán y el Caribe. Tristemente, el Gobierno del Estado ha desaprovechado de forma garrafal la intelectualidad y el academicismo que se han formado en nuestra tierra.

Reconozco que mi visión puede ser limitada y no resulte concluyente. Faltan nombres a esas listas, líneas enumerando proyectos que no alcanzo a vislumbrar por la gran fragmentación cultural hoy innegable de nuestro estado. Sin embargo, mi visión es seguro compartida con quienes han padecido esta sequía de años, sin oportunidades para hacer de Quintana Roo una fuente de cultura y las Bellas Artes, un ejemplo para el país. En la comunidad cultural siempre ha residido su futuro, es hora de abrazarlo. La pregunta es, ¿aprovecharemos la oportunidad histórica que se nos presenta?

 

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