Kafka y su primer simio literario

A más de 130 años del nacimiento de uno de los grandes de la literatura universal, quiero dar difusión a una de las obras de este autor praguense que muchos conocemos y leemos desde pequeños. Hoy me quedé maravillado al leer el último cuento de la serie que tengo de un librito correspondiente a una edición de 1984 de La Metamorfosis y otros relatos, llamado Informe para una academia (Ein Bericht für eine Akademie). A decir verdad, La Metamorfosis dejó una huella honda e imborrable en su tiempo y eso ha logrado permear hasta hoy, claro. A mí no me parece tan atractiva en el plano puramente narrativo, dejando de lado la imaginación, propuesta e inicio tan increíbles, y es punto de vista puramente personal. Tampoco logró engancharme del todo con sus relatos subsecuentes: Artista del hambre, Artista del trapecio, Médico rural, Once hijos entre otras tantas, pues la premisa fue algo novedosa en su época, y no se demerita en absoluto, solo que no las encontré sorprendentes, eso sí, deprimentes y que denigran la condición humana a niveles escandalosos, y —por qué no decirlo— reales en algunos casos, así de perverso veía su mundo de inicios de siglo XX nuestro Franz y nos regaló una nueva visión para escribirlo antes de que llegaran las peores hecatombes y holocaustos del siglo pasado. Pone a prueba el pensamiento humano: hasta donde seríamos capaces de soportar la atrocidad de vernos convertidos en insectos monstruosos y cómo reaccionaría su entorno, los seres queridos y el jefe del trabajo, de ayunar hasta extinguirse el cuerpo, de enumerar hijos con sus defectos y virtudes como si fueran mercancía. Eso sí es lo sorprendente y vale la pena recapitularlo, pues la obra de Kafka es vasta y ya muchísimas veces comentada, por lo que no me extiendo más en ese aspecto.planet-of-the-apes-taylor-kisses-zira

Pero este último relato merece la pena un pequeño análisis por parte de un servidor. Sumergiéndome un poco en internet, con eso de que hay estar seguro antes de escribir en particular sobre algo, me llamó la atención el relato y la imaginación increíble de Kafka al comprobar que él y nadie más legó por primera vez en la literatura la premisa de un simio que puede imitar, hablar e incluso pensar como un ser humano. (Y ojo aquí, hablamos de simios pensantes que quieren evolucionar junto con la humanidad o a través de ella, así que dejaremos a Kipling a un lado).

Kafka, como nos demostró en sus otras obras, busca la experimentación, probar a la humanidad a sí misma, preparándonos para lo que nos depararía el siglo XX y entre ellas nos dejó pensar en esto de tarea: ¿Qué pasaría si un simio se obligara a pensar y actuar como humano? ¿Cómo sería su raciocinio, su filosofía, cómo nos vería a nosotros? ¿Cuando esto pasara, nos sumergiríamos a nuestro pasado remoto, antes de que nuestra especie sapiens se reuniera en grupos organizados, se refugiara en cavernas y aprendiera el uso del fuego? y otra pregunta elemental: ¿nos gustaría eso? Como especie, estamos solos en el universo hasta este día en que la modernidad y la tecnología nos abrazan y nos hacen sentirnos «acompañados» junto con nuestras mascotas fieles y silenciosas, porque en el plano físico y animal no podemos comunicarnos con nadie más en un lenguaje razonable. Ahí también radica el poder del relato en la ficción.

El tema del razonamiento del simio fue llevado mucho más allá décadas después de forma contundente en 1963 por la conocidísima novela La planète des singes  de Pierre Boulle con una franquicia que quedaría para la historia del cine de ficción como  El planeta de los simios, saga de películas icónicas sobre el futuro remoto de la Tierra, incorporando crítica social, filosófica e incluso teológica, armando un verdadero universo «simiesco» que se cuenta en el celuloide como una paradoja del tiempo muy ingeniosa a lo largo de la historia. Hago hincapié en el breve relato de Kafka, porque si queremos encontrar un origen literario a la ambiciosa obra de Boulle y al fantástico universo que nos ofrece un mundo donde el simio domina y el humano es basura e involucionado, pues aquí está el inicio de la aventura, e inició en 1917, justo cuando a nuestro escritor le declaraban la tuberculosis que a la postre terminaría con su salud y su vida. En sí es un relato corto, donde el propio simio autonombrado Pedro el Rojo narra a manera de crónica en una conversación siempre en primera persona a una academia de científicos, doctores que quedan fuera de nuestra visión, ya que Pedro acapara el relato y lo retuerce a medida que avanzamos en él. Cuenta su experiencia de transformación —metamorfosis— de simio a humano, y la razón que le impulsó a hacerlo, lo cual resulta fascinante pues Kafka por primera vez nos adentra en la mente de un homínido que puede procesar su visión propia del mundo, una crítica a los humanos y sus modos de actuar, con las teorías de la Evolución de Darwin relativamente frescas en su tiempo. Nos transporta hacia la involución, un retroceso al progreso del pensamiento, al incorporar la visión de un mono que terminó asimilando humanidad, y no lo hizo por afianzarse a la libertad ni porque estuviese gustoso de hacerlo. Era «hallar una salida» a su cautiverio, a las rejas, a la vida tan mala que tenía en un barco y después en un tipo de circo donde le daban un trato que consideraba injusto. Lo consideraba injusto desde antes de aprender a hablar, lo que nos obliga a pensar que Kafka fue dotándolo de lógica y experiencia que se sumaba mientras vivían esos deseos de salir de la jaula. La forma como va narrando es escalofriante, conmovedora, donde solo puede ser él, Kafka, en la mente de un primate:

“Y aprendí, señores míos. ¡Cuando hay que aprender se aprende; se aprende cuando se trata de encontrar una salida! ¡Se aprende sin piedad! Se vigila uno a sí mismo látigo en mano, fustigándose a la menor vacilación. La naturaleza simiesca salió con furia de mí, se alejó de mí dando volteretas, y por ello mi primer maestro casi se volvió mono y tuvo que abandonar las lecciones para ser internado en un sanatorio. Afortunadamente, pronto salió de allí.

Agoté a muchos maestros. Sí, hasta a varios a la vez. Cuando estuve ya más seguro de mi capacidad, cuando el público siguió mis progresos, cuando mi futuro comenzó a sonreírme, yo mismo elegí mis profesores. Los hice sentar en cinco habitaciones sucesivas y aprendí con todos a la vez, saltando sin interrupción de un cuarto a otro.”

Uno de los trabajos de los que no se habla tanto sobre el escritor descendiente del imperio austro-húngaro, pero que sin duda lo convierte padre de los simios pensantes en la literatura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s