Se fue como los grandes

Carlos Hurtado, el escritor que dejó a Cancún en el mapa literario en 2001, falleció ayer a causa de un cáncer con el que luchó algún tiempo; perdió esa batalla pero ganó algo que dejó para la posteridad en esta ciudad carente de genuino interés hacia la literatura, y hacia la novela sobre todo. Era un tipo sobrio y con una inteligencia sobresaliente para con la palabra, un auténtico maestro, impulsor de la escritura en Cancún en muchas vertientes, y mis recuerdos sobre él son excelentes, como persona y escritor.

Uno de mis mejores recuerdos de las pocas veces que pudimos coincidir fue en la presentación de la segunda edición del Cancún en 2011 en el Club Casablanca, donde, de forma inspiradora y clara, expuso lo que es ser un escritor y escribir, y lo tendré siempre muy presente (de ahí es la foto donde aparezco con él). Platicamos rápidamente entre el mar de invitados mientras firmaba mi ejemplar, incluso le hice algunas preguntas sobre la obra que amablemente respondió.

Otra ocasión fue en 2013, antes de irme a la Feria del Libro de Minería. En una entrevista para el programa Estado de los Estados de Lilia Arellano del Canal 10, tuve el placer de platicar a solas mientras esperábamos a los demás invitados al programa, y ahí me expuso los sinsabores que le había provocado el olvido literario, que el Cancún todo incluido lo veía como algo lejano y que ya había pasado; un Carlos muy diferente de aquel 2011, pero con el brillo de eso inexplicable que tienen los grandes reflejándose en las pupilas. Se dedicaba por completo a sus plantas y retirado casi por completo de la vida literaria. Ya no escribía, y eso fue una contraparte igual importante que causó un gran impacto en mí. Intenté explicarle que respetaba su pensamiento, pero le expresé mi respeto y reincidí en que su novela había cambiado algo aquí, que su obra no era indiferente al menos para mí y para muchos otros que lo reconocíamos. Sonrió, me agradeció, y entonces llegaron los demás invitados a la entrevista. Más tarde, en la misma entrevista, junto a Francisco Verdayes, Jorge González Durán y Antonio Callejo, me devolvió el gesto de reconocerme, eso también me lo quedo como un recuerdo muy preciado por su parte. Como dije, era un señorón.

Aquí dejo la reseña que hice hace algún tiempo sobre su magna obra; Cancún, todo incluido.

Aunque el género y la historia tienda a ser realista y reflejante para nuestra sociedad actual, la novela tiene una historia sencilla, ficticia y un tanto conveniente para la misma trama, que nos advierte sobre las consecuencias que tendrá cada uno de los personajes al ir tomando diversos caminos, que solo puede ofrecer una sociedad multicultural como la nuestra. Cancún, Todo Incluido, la culminación del prolífico trabajo de Carlos Hurtado y de sus Crónicas ciudadanas que se publicaban en un diario local, tiene el crédito de tomar la ciudad como escenario y fin para cada una de las ambiciones de los personajes, cosa que a mi parecer no se había dado nunca en una novela o trabajo que hable sobre Cancún. A pesar de las distancias y los diferentes trabajos, la considero una segunda parte del libro de Fernando Martí, “Fantasía de banqueros” que mostró a Cancún como parte de una ensoñación en la creación de un centro turístico. Una segunda parte que nos devuelve a la realidad actual y donde los sueños se quebrantan, se entierran y se viven en la desesperación de una ciudad particular como esta.

Hay que agradecerle a Carlos Hurtado este libro, que nos deja a los cancunenses con una difícil tarea: buscar, trabajar y modelar nuestra identidad literaria, continuar el camino que él logró dejar en la historia de letras de Cancún, y que hacen de esta ciudad algo único por lo que es, una ciudad multicultural y conformada por personas que vienen de cualquier parte del país o el mundo. Cancún Todo Incluido sigue vigente a pesar de que su publicación tenga ya algún tiempo, y seguirá vigente como parte de esta ciudad de ninguna parte.

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Aunque el maestro ha partido, o como mejor señala su hijo Carlitos Chak, se volvió águila y se fue, sus letras quedan para esta ciudad le guste o no le guste a la propia Cancún, y seguirán señalando un presente latente y real, algo que no tiene que ver con un sueño o fantasía planeada en los sesenta. Se fue del mundo terrenal, pero le lega a Cancún la mejor de sus obras, llena de buenas letras, sátiras, humor negro y político, un mundo sórdido que él recorrió en esta vida en una ciudad que al final no le correspondió como debía en las letras. Eso sí hay que señalarlo, porque Cancún, esa chiquilla traviesa y turística, hasta ahora, le es indiferente esta novela, aunque verse sobre ella. Hasta siempre maestro Carlos Hurtado. Las letras arroparán su recuerdo para siempre.

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