Cancún: nuestro paraíso ¿perdido?

No es que este blog se decante por una cuestión ecologista o activista, pero últimamente han sucedido eventos trascendentes en el área de Cancún y Quintana Roo. Este artículo lo publiqué en abril de 2011 en Revista Pioneros, sobre los hechos ocurridos en Puerto Cancún en septiembre de 2009, donde se consumó uno de los mayores ecocidios de la ciudad. Hoy, en julio de 2015, quieren hacer algo parecido con los manglares ubicados en Malecón Tajamar, sin respetar a la flora y fauna en su mayoría. Todo indica que no, no aprendemos de nuestros errores.

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Coatí, pizote, o “tejón” (Nasua Narica)

Mucho se ha hablado del triunfo que representó en su momento la creación de la ciudad donde habitamos, “donde los mayas veranearon hace 1,000 años”, el sueño dorado del Banco de México. En efecto, cuando a finales de 1968 Antonio Enríquez Savignac, invitó a Ernesto Fernández Hurtado, entonces subdirector del Banco de México por primera vez a Isla Cancún y sus alrededores para tomar una decisión sobre la viabilidad del proyecto, éste, sin pensarlo, comentó: “era el mismísimo paraíso”.

Y hecho fue.

Hoy, a 41 años de su fundación en 1970, surgen preguntas ineludibles. ¿Es hoy Cancún en verdad el paraíso que se planeó en ese entonces? Se le puede preguntar a cualquier pionero, y las respuestas serán similares “Cancún no es el mismo” “Cancún ha cambiado”. ¿Para bien, para mal? Esta es la primera entrega de una serie que desglosa los incidentes más importantes relacionados con el impacto ambiental que ha sufrido nuestra ciudad a lo largo de su existencia. Es un hecho que Cancún ha cambiado, y las épocas de añoranza pionera, de un contacto pleno con la naturaleza, solo sobreviven en partes reducidas de la misma ciudad, en los polvorientos álbumes de fotografías, en los videos, y en la historia gráfica que hace posible esta revista.

EL EPISODIO DE LOS COATÍES Y PUERTO CANCÚN (septiembre 2009)

“Cuando pasó, pasó rápido.

El pequeño coatí no podía entender por qué su madre dormía, con el hocico abierto, sin mover un solo músculo. Lo peor de todo era su pelaje frío y áspero. Ya no tenía el calor materno, ni era sedoso como de costumbre. Con su patita intentó moverla, pero eso tampoco sirvió. Con horror se dio cuenta que, mientras amanecía en esa parte de Cancún, sus hermanos, primos y amigos, estaban igualmente inmóviles, unos con la lengua de fuera, y otros arrastrándose apenas, con espuma blanca regurgitando en sus hocicos, chillando de dolor. Trató de llamar con chillidos de auxilio, pero nadie acudió en su ayuda…”

ASCIENDE A CIEN EL NÚMERO DE COATÍES ENVENENADOS

(Titular del periódico Novedades de Quintana Roo, edición del 15 de septiembre de 2009)

HABITANTES MILENARIOS

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Cancún en los 70.

 

Mucho antes de que los primeros habitantes de la zona de Cancún comenzaran a ocuparla ocasionalmente a partir del año 200 a.C., pasando después en las zonas que hoy conocemos como “El Meco” “yamil Lu’um” “El Rey” antes de la Conquista, mucho antes que el Banco de México y sus emisarios configuraran el diseño de lo que sería Cancún como una fantasía multimillonaria para el país, los pizotes, coatíes o regionalmente confundidos con “tejones” (Nasua Narica) ya retozaban a placer por toda la península de Yucatán. Ellos ocuparon junto a infinidad de fauna el área donde hoy vivimos, donde hoy vemos centros comerciales, avenidas, y hoteles de lujo.

“Lamentablemente, en lo que respecta a la fauna tenemos que hablar con cierta nostalgia. La zona —no solo la isla, sino también el macizo continental— fue rica en muchas especies…” cita Francisco Verdayes. En efecto, no todo ha sido color de rosa para el sueño llamado Cancún. Es lógico que en el proceso de la construcción de una ciudad, se desplace flora y fauna para que la ocupación humana pueda darse. Ha sucedido siempre y nuestra ciudad no es la excepción, y sucede hasta la fecha. Pero ha habido ciertos incidentes que han empañado la imagen de un paraíso terrenal, ocasionando graves trastornos al medio ambiente. Este es uno de ellos.

ECOCIDIO SIN PRECEDENTES

11822226_936780163062417_1206149481_o El viernes 11 de septiembre de 2009 será recordado, sobre todo por los habitantes de las colonias aledañas, como un día triste para la fauna silvestre. Ese día los vecinos de la colonia Donceles 28 (ubicada entre avenidas López Portillo y Bonampak) se percataron de que algo extraño sucedía con esos animalitos, los “tejones”, a los que alimentaban diario, ya que en los últimos años su hábitat había sido reducido a un área colindante con el fraccionamiento “Bahía Azul” gracias al complejo turístico Puerto Cancún. Ese día, murieron envenenadas familias enteras de este mamífero, terminando por completo su estancia de cientos de años en esa zona de la ciudad.

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La gente de la colonia Donceles había “adoptado” a estos animalitos, quienes fueron poco a poco acorralados por las maquinarias y trascabos. Todo acabó en septiembre de 2009.

Cuando los vecinos intentaron ayudar a los coatíes, ya era muy tarde, la mayoría agonizaba entre espasmos de dolor. De una manada completa, solo 23 sobrevivieron al ecocidio —en su mayoría crías—, y fueron trasladados a una zona de protección en la ruta de los cenotes de Riviera Maya. Los estudios determinaron que el sulfuro de zinc y un poderoso veneno para gatos “Mil 80” acabaron con ellos, también con tlacuaches, zanates, un águila que anidaba en los alrededores, incluso los zopilotes carroñeros que intentaron devorar los cadáveres, cayeron fulminados, contaminándose de paso los mantos freáticos. Algunos perros y gatos tampoco se salvaron. El veneno se colocó estratégicamente en trampas, combinadas con alimento canino, consumando así el vil acto.

PRIMER SOSPECHOSO: PUERTO CANCÚN

Los vecinos inmediatamente culparon a los fraccionadores de Puerto Cancún, quienes también se deslindaron al momento del crimen, argumentando su compromiso de preservar la flora y la fauna en su “zona de conservación” y vivero en una carta firmada por el biólogo de la Universidad Autónoma de Yucatán, Emmanuel Santos May. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿Por qué una especie que llevaba cientos de años ahí, de repente se erradica de esa forma tan contundente? Puerto Cancún ocupó y dispersó desde 2006 a los coatíes de su hogar original, y el manglar se transformó en edificios, campos de golf, todo para gente muy exclusiva, y hasta la fecha siguen construyendo, y aparentemente, no le convenía tener una población tan grande de fauna silvestre en los alrededores.

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Plano básico del desarrollo de Puerto Cancún.

PUERTO CANCUN, POLÉMICO E IRREGULAR

Puerto Cancún era parte del Plan Maestro original de Cancún diseñado en la década de los 70, pero fue hasta 1999 cuando la Promotora de Desarrollo Puerto Cancún ganó la licitación y firmó con Fonatur en 2000. En diciembre de 2004 se comenzó la etapa de urbanización.

El señalamiento civil hacia Puerto Cancún como responsable del ecocidio tenía sus argumentos: el presidente de esa empresa, Michael Eugene Kelly, había sido encarcelado en Estados Unidos en diciembre de 2006 por múltiples fraudes en Quintana Roo y en ese país, poniendo la ética y manejo del Desarrollo en entredicho. El proyecto cambió los usos de suelo desde su creación, cayendo en contradicciones legales a través de los años, entre concejales y directores de desarrollo urbano con la promotora, devastando una importante zona de manglares, hábitat del famoso cangrejo azul (Cardisoma guanhumi) que tanto se protege en las temporadas de cruce en el bulevar Kukulcán. La fisonomía del litoral fue abruptamente transformada en entradas de agua que fungirían como caletas artificiales (Ver mapa del Plan Maestro) y el cambio del paisaje fue notorio para sus habitantes.

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Puerto Cancún, visto desde el aire.

DENUNCIA SIN CULPABLES

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), presentó ese mismo 11 de septiembre una denuncia penal basada en el Artículo 416 del Código Penal Federal, que establece una pena de hasta 9 años de prisión y de 300 a tres mil días multa a quien descargue, deposite o infiltre, lo autorice u ordene, aguas residuales, líquidos químicos o bioquímicos, desechos o contaminantes en los suelos y subsuelos. No se detuvo ni se responsabilizó a nadie.

¿LEYES ECOLÓGICAS QUE NO PROTEGEN LA ECOLOGÍA?

Para sorpresa de los indignados vecinos de la Donceles 28, el titular de Profepa en ese entonces, Patricio Patrón Laviada, señaló el 16 de septiembre de 2009 que no se trataba de un delito “tan grave”, ya que esa especie, Nasua Narica no está dentro de la NOM 059, es decir, no está en peligro de extinción, poniendo cerrojo al caso y no volviéndose a retomar —hasta el momento— por autoridad alguna.

Sin duda, fue un episodio triste en la historia de nuestra ciudad, que nos hizo recordar los vínculos tan frágiles que tenemos con el ecosistema que nos rodea. Estos animalitos, eran especialmente estimados por los mismos ciudadanos quienes los alimentaban y cuidaban. Esto no fue suficiente, y como es costumbre, queda la esperanza de que el ser humano aprenda de sus errores y recapacite ante estos eventos, que a la larga, pueden tener consecuencias graves en el futuro.

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