Palabras para Espinas

Estas son las palabras de presentación de la novela histórica a mi buen amigo Fernando Pérez Valdez, hoy miembro de la Academia Nacional de Historia y Geografía. La presentación tuvo lugar en Cancún en febrero de 2016.

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Me honra grandemente el presentar a ustedes no solo a un escritor, promotor de la cultura y estudioso de la Historia de su ciudad Querétaro: hoy presento en Cancún a un gran ser humano y amigo, que ha venido desde lejos a compartirnos una parte de su espíritu, porque recordemos que un libro escrito es una porción del alma, y éste sin duda la tiene, y qué decir del valor angélico, ultraterreno que ya se forjó desde su concepción.

 

Hoy, hablar de fray Antonio Margil de Jesús es hablar indudablemente de Fernando Pérez Valdez, y digo esto porque no sé de nadie más que pueda hilvanar la vida de este personaje en términos de profundidad y amplitud. Simplemente no conozco a alguien que haya escrito semejante obra acerca de su interesante vida. Estamos ante un experto frailólogo, un término que he acunado en mi torpeza y desconocimiento de los temas eclesiásticos y de sus formas y fondos, pero que hoy lleva en la experiencia de leer su obra, un respeto que antes no tenía por esa parte de la historia y documentación de frailes, un tema que en esta parte de México ensombrece un pasado que no cicatriza las heridas, como el oscuro caso de Fray Diego de Landa y su conocido Acto de Fe en Maní, Yucatán. Fray Antonio sería una de las contrapartes a esa imagen del fraile evangelizador que enciende hogueras y quema ídolos y códices en febriles exorcismos.

 

De entrada, como conocedor de la novela histórica, puedo decir que es una de las disciplinas más difíciles del narrador: la investigación teórica en volúmenes nuevos y viejos, la investigación in situ, recorrer extensas y densas biografías en bibliotecas, claustros e iglesias, como en este caso. Conversar con la gente apegada al tema. En fin, es un proceso que se lleva con paciencia, se amolda con mucha perseverancia, y todo con una increíble alquimia de datos que debemos seleccionar y pulir para incluirla en una novela o cuento.

 

Pero no voy a hablar aquí de la elaboración de una novela histórica. Solo quiero exponer brevemente el grandísimo trabajo que Fernando dejó en estas páginas que espero puedan degustar, porque nos sorprenderemos al leer y redescubrir un pasaje de la historia que a menudo nos es ajeno: el virreinato, la Colonia, la Nueva España, ese lapso donde nuestros antepasados criollos dependían de un reino del otro lado del Atlántico, una colonia a veces expuesta a los piratas, donde el correo, las noticias y las palabras del rey se tomaban su tiempo en llegar y tener efecto;  también la fe tardaba en llegar a los más necesitados. Y aquí aprovecho para sumergirlos en la increíble obra del personaje central de Espinas. Contemporáneo de Sor Juana Inés de la Cruz, Fray Antonio, el fray andariego, el de los pies alados, recorrió medio continente con el único fin evangelizador, con la fuerza que le infundía una fe ciega en sus creencias, y llegó a lugares recónditos y olvidados, sin más que su sotana, ya que sus recorridos los hacía descalzo, en la mayor austeridad, una total congruencia de lo que su investidura debía representar.

Quizá su único pecado fue el exceso de humildad, el ser un celoso guardián de las buenas costumbres, tanto, que lo llevó a encararse duramente con las autoridades queretanas;  sin embargo, sus verdaderos retos los llevó en las selvas altas, arriesgando la vida al encararse con indígenas rebeldes y belicosos.

 

Agradezco verdaderamente a Fernando que pueda presentar su investigación, a la que ha dedicado un gran cariño y mucha voluntad de persistencia, que es lo que se necesita para redondear un trabajo de esta magnitud. Con tu presencia hoy aquí en el Caribe mexicano, nos permites a todos los aquí presentes, darnos cuenta de lo grande que es nuestro México, y lo vasto que son sus historias. Lo dije cuando estuve en Querétaro, soy de Quintana Roo, y quiero compartirles parte de mi bagaje histórico. Ahora, Fernando, me es grato regresar el honor y escuchar tus palabras en el lugar donde nací.

 

Hace unos años, conocí a Fernando y conocí su obra; hoy es un gusto presentarlo ante todos ustedes. Espero que puedan leerlo, apreciar su obra y el valor histórico que enriquecerá sin duda sus bibliotecas personales.

 

Muchas gracias.

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Fernando Pérez Valdez, miembro de la Academia de Historia y Geografía.

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