It y yo

Se puede tildar a la miniserie de 1990 de cutre, con efectos especiales de risa, pero hizo algo más allá: actualizó la fobia a los payasos, y la hizo global e irreversible. El talento de Tim Curry bastó para que una producción limitadísima tuviera lo necesario para aterrorizar a toda una generación, en la que me incluyo. Hubo una época en la que nos lo pensábamos dos veces al ir a ducharnos. Recuerdo también que, a diferencia de hoy, en esa época las clasificaciones de las películas eran muy marcadas y respetadas, e incluso en los videoclubes los dependientes no te dejaban rentar las temidas clasificación C “solo adultos” a menos que fueras acompañado de tus papás. Eso en México tenía el equivalente a la clasificación R de Estados Unidos, aunque allí la serie nunca se clasificó.

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Pennywise y el elenco infantil que dio vida a los Perdedores en 1990. Cabe destacar que Jonathan Brandis (Bill, segundo derecha) se suicidó en 2003, a los 27 años.
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Perdedores de 2017.

Pagar una entrada al cine para no ver la película

Pues bien, ya en 2019, dispuesto a ver y disfrutar la segunda parte de una película que esperaba por más de veinte años, la sala estaba llena de niños de todas las edades: esto no auguraba nada bueno, y no me refería a la película en sí. Y así fue: voces, risas, grupos a mi alrededor platicando… lamentablemente lo peor de la película fue la gente en la sala. Un amigo en México, que yo recuerdo era gran cinéfilo, ya no va al cine:

Me he amargado terriblemente. La gente no ve la película, se sacan selfies, la graban, comentan cada escena, prenden la lámpara del celular, hacen relajo, y si les dices algo encima se molestan y te replican… prefiero verlas en mi casa, punto.

Pues un sentimiento parecido me invadió mientras trataba de disfrutar de It Capítulo 2: la gente en España, al menos en Andalucía y donde he podido ver, no respeta las clasificaciones, entran niños tanto en películas Disney como en las gore y al cine no le importa mientras ingrese dinero. Y la sala de cine se convierte en una reunión de copas o fiesta infantil. Simplemente no se pueden estar callados un momento. Los ‘chissst’ de las personas que sí queríamos ver y enterarnos a detalle de la película minaban por momentos la sala, y los ruidos se apagaban para reanudarse al minuto siguiente. La pesadilla no estaba en las escenas del payaso asesino Pennywise, estaba en la gente que no respeta el tiempo que nos impone una sala de cine para agruparnos y hacer una cosa tan sencilla: disfrutar de una maldita película. Si esto continúa así, tendré algunas opciones para no dejar de ir: esperar al lunes, no ir a los estrenos, y entrar en funciones tardías para no toparme con jovencitos-coñazo (y adultos-coñazo, claro está). Está claro que la empresa de cine poco quiere/puede hacer, y por más reclamaciones que haga, esto es una democracia: gana la mayoría, los que entran al cine para no ver la película. Me inclino a pensar que se trata de algún reto viral como el de cagarse en las piscinas públicas o tendencia influencer-youtuber. Increíble, pero esto es 2019, señores.

La pesadilla no estaba en las escenas del payaso asesino Pennywise, estaba en la gente que no respeta el tiempo que nos impone una sala de cine para agruparnos y hacer una cosa tan sencilla: disfrutar de una maldita película.

Ahora sí, la película

Quitando las veces que tuve que mandar a callar a la gente, me aferré como pude a tener toda mi atención a la pantalla. Venía ya más cauteloso después del reciente fracaso de Pet Sematary y la adaptación que al final me decepcionó. Sin duda ha sido un Capítulo dos excelente, con sorpresas y cameos que se agradecen. Tengo pendiente releer la novela, pero estaba claro que adaptar un libro polifórmicamente narrativo de mil quinientas páginas en un total de casi seis horas era un trabajo imposible; quizá una serie de cuatro o cinco temporadas hubiese hecho un trabajo más completo, pero It es de esos casos raros en un autor que escribe de monstruos y maldiciones: Stephen King crea universos metafísicos que influyen en la historia y la realidad no solo de sus personajes, sino de la misma creación del mundo y el universo (además recordemos que era su época más chunga de alcoholismo y drogas). Este tema metafísico se toca levemente en la película, pero se agradece la inclusión del rito de Chüd, donde la batalla con It no es física, es mental (una suerte de mordedura de lenguas en la novela), y al final todo depende de una frase grandiosa que cura el tartamudeo.

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La habilidad de Bill Skarsgård para separar sus pupilas da un nuevo e inquietante toque a Pennywise.

Se tuvieron que dejar de lado elementos, como la escena completa del advenimiento de Eso en la época de los dinosaurios (una de mis escenas favoritas), el laberinto de las cañerías, el inusual sentido de orientación de Eddie, y por supuesto, el monólogo magistral de la propia It, la devoradora de mundos, donde se revela su miedo intenso a los Perdedores y parte de su origen. La famosa escena de sexo preadolescente de la novela está claro que ni la queremos ver ni saldrá en celuloide alguno. En resumen, el Capítulo dos cierra muy bien, independientemente de la baja calificación de RottenTomatoes.com; al final logra su propia identidad, y añade elementos nuevos que nos dejan un buen sabor de boca, y que, por más que trato de recordar, en la novela no aparecen. Suena absurdo, pero a pesar de que Bill Skarsgård hace un buen Pennywise -incluyendo la habilidad propia que tiene para separar sus pupilas en sus globos oculares-, es una desgracia que Tim Curry no coincidiera en el tiempo con esta producción, pues creo que sería una de las películas de terror más ambiciosas de la historia.

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Tim Curry en el proceso de maquillaje.
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Skarsgård en el proceso de maquillaje.

Pennywise y los perdedores

Estaba claro que su relación iba más allá del bien contra el mal, era un duelo mental y de sentimientos, de los peores miedos y cómo usarlos para atacar o autodestruirse. Esta es sin duda una relación profunda, de equilibrios en este universo complejo que King creó y que funge como base en la novela, y afortunadamente, también en la película. A diferencia de la miniserie de 1990, donde la segunda parte fue una completa decepción por las pocas apariciones de Curry y las actuaciones planas de aquel elenco adulto, amén de muchas escenas del libro no incluidas, Muschietti y Fukunaga entendieron aquel error e incluyeron al payaso hasta el final, en vez de mostrarnos al Eso verdadero, el ser polifórmico que termina como una araña monstruosa. En la película hay un momento hasta de paternalismo escalofriante cuando el payaso les dice ‘ya son adultos’ con una sonrisa triste: aquí se cierra esta profunda relación y se cumplen los destinos de ambas fuerzas. Hay que decir que el elenco tanto adulto como infantil fue atinado, pero la gran sorpresa la dieron Bill Hader y James Ransone. No diré spoilers, pero su química es increíblemente buena, y cuando la película se hace densa, estos dos la sacan con muy buenas actuaciones. Mc Avoy da una sólida interpretación junto a Jessica Chastain, y ahí no hay queja, pero esperaba más de los personajes de Mike Hanlon y Ben Hanscom; pero quizá fueron opacados por estos Richie y Eddie adultos. Otra sorpresa total es el final del personaje de Stan Uris, completamente nuevo para la película.

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1990: un elenco adulto que no dio para más, una irregular dirección solo salvada por el mítico Tim Curry.
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2019: el elenco adulto fue muy bien escogido, destacando claramente Bill Hader (al frente, sujetando al niño) y James Ransone (extrema izq).

It y yo

La primera vez que leí la novela, era 2007. Tuve que hacer un viaje por el trabajo a Mérida, Yucatán. Resultó que tenía que compartir la habitación de hotel con otro compañero desconocido de la misma empresa (no siempre era así) y me resigné a esperarlo mientras leía It tumbado en mi cama. Cuando llegó y lo vi entrar con sus grandes anteojos y una sonrisa que se me antojó fingida, mi primera impresión fue de ‘bueno, al menos solo son dos días’. Cuando me dijo que era de Chetumal, aumentó mi desazón. Entonces vio mi libro. ‘Estás leyendo Eso’. Yo esperaba que me dijera que King era un farsante o algo parecido, pero su sonrisa se ensanchó: ‘es una genialidad de libro, ¿en qué parte vas?’. Y bueno, ahí se rompió el hielo, nos conocimos mejor entre conversaciones y anécdotas interesantes, y hoy es uno de mis mejores amigos, algo que no se dice fácil en estos tiempos que corren. Es un gran cinéfilo, e incluso fue actor de teatro, por lo que sabe de lo que habla cuando comenta de películas, a diferencia de mí. Así, It formó parte de esta amistad hasta que esperamos con hype la primera parte, y con hype esta segunda. Al final fuimos de opiniones semejantes, y ambos sonreímos satisfechos con la conclusión de una buena adaptación.

Al final, de eso se trata la vida, ¿no? De pasar esta etapa en el mundo con la gente que quiere estar contigo. Gracias por esta novela y esta aventura, Stephen King.


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