El 1984 de Orwell no llega, pero…

Aunque trato de mantenerme actualizado en cuestiones tecnológicas, no puedo evitar ciertos sobresaltos de vez en cuando. Uno de ellos fue por un anuncio de Amazon, presentando su flamante (¿bocina, robot, ordenador?) Alexa. Consultando, resulta que el chisme se denomina oficialmente «asistente personal virtual» o «altavoz inteligente». En pocas palabras, este dispositivo puede funcionar con órdenes verbales sencillas y programaciones configurables en diferentes dispositivos que admitan esta tecnología (cámaras de seguridad, televisores, ordenadores…). En la televisión lo presentaban como una curiosidad para los ancianos y para dar bonitas sorpresas al llegar a casa tocando tu pieza musical favorita.

El anuncio de por sí me generó preguntas. ¿Hoy en día se puede dejar la autonomía de una agenda personal a un aparato que «escucha», conectado a internet? ¿No ya de por sí nuestros móviles, tabletas y ordenadores nos «escuchan» sin nuestro consentimiento, para saber qué publicidad colocar en el siguiente sitio web que visitemos o video que reproduzcamos en YouTube? Sin duda, detrás de estos aparatos vendidos como amigables, para hacernos la vida más fácil, hay alguien detrás escuchando nuestra agenda, las verduras que tenemos que comprar en el supermercado, la hora en que queremos ver una película en el cine o streaming, y la música que queremos tocar a determinada hora del día. ¿Quién? Solo pensarlo me marea.

Vamos a extender un poco la masa. En México, en el nefasto sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018), el gobierno se acercó mucho a una especie de irrealidad distópica, agravada por los escándalos del propio gabinete, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el aumento de la violencia a lo largo del país acrecentada por los cárteles del narcotráfico. Presidencia reiteraba que todo estaba bien, que no había nada de qué preocuparse, aunque hubiese manifestaciones multitudinarias en las calles, y se llegara a quemar las puertas de Palacio Nacional, y un mozalbete se colara a los premios Nobel a increparle a Malala Youfsafzai que volteara a ver a México. Al mismo tiempo, el gobierno había instalado una red de espionaje por medio del programa israelí Pegasus: periodistas, activistas de ONG y miembros de partidos de la oposición tenían infectados sus smartphones cuando el escándalo estalló en 2017[1]. El presidente actual, López Obrador, encontró hace días una microcámara espía en uno de sus despachos de Palacio Nacional[2]. ¿Quién miraba del otro lado? «Son prácticas del antiguo régimen» arguyó López con una sonrisa en una de sus conferencias matutinas.

A mí me sigue impresionando la poca importancia, o la aparente no importancia a estas prácticas de espionaje a gran escala. Para la cuestión de Pegasus en México, no hubo responsables, incluso Hacienda le perdonó un delito de fraude fiscal a uno de los socios[3]. Algo muy gordo como para concederle importancia. ¿Y a dónde fueron a parar todos esos datos que recopiló Pegasus? Como los que recopilan los algoritmos de Google, Facebook y demás aplicaciones, no hay una respuesta convincente.

Queremos que nos escuchen (y nos vean)

Ahora sí aterrizaremos donde nos interesa, Orwell y su obra maestra, 1984. Podríamos empezar por una pregunta: ¿qué tanto queremos acercarnos al mundo de Oceanía que nos presenta en 1984? El Corte Inglés nos lo pone fácil en uno de sus últimos anuncios de rebajas (con la música cómica de La máquina de escribir que popularizó Jerry Lewis, de fondo):

Sí, queremos que nos oigan. Sabemos (muchos, conscientemente) que hay alguien detrás de esas (tele)pantallas táctiles, detrás de nuestros más oscuros deseos, y si este oscuro deseo se puede empaquetar para regalo, qué mejor, ¡estará disponible para nosotros a un precio de rebaja! Si Alexa controla nuestra lista de la compra y las entradas de cine, podemos complementarlo con una visita a nuestra tienda favorita gracias a que los grandes almacenes ya escucharon nuestras peticiones de antemano. Así de divertido lo pone esta tienda.

Para quienes han leído y releído 1984, no es necesario un nuevo estudio, un ensayo que explique y proponga teorías que se han explorado repetidamente sobre su contenido narrativo y filosófico. Sin embargo, 1984 es de esos libros que contiene una «energía visionaria[4]» inagotable que resiste el paso del tiempo y sigue ganando lectores. Es un Reloj literario del Apocalipsis: la aproximación y alejamiento de sus manecillas extienden una alarma, dependiendo los minutos que separan al mundo de esa medianoche final que nos espera agazapada en el futuro latente.

john hurt
Una curiosidad: John Hurt protagonizó ‘1984’ (versión 1984) como Winston Smith. Más tarde, en 2005, es convertido en el dictador Adam Sutler para la película ‘V de Vendetta’, una suerte de Hermano Mayor.

En la Oceanía de Orwell, las manecillas ya han pasado esta medianoche (y por lo que sabemos, en todo el mundo, claro está, Eurasia y Esteasia). El pasado se reescribe ad infinitum con la máxima de quien controla el pasado, controla el presente y el futuro. El Gran Hermano vela por ti en este inmenso impasse que representa la ascensión y permanencia del Partido y el uso del poder en su estado más puro. Ese paréntesis en la historia de la humanidad es uno de los elementos más frustrantes y atrayentes de la historia: no se vislumbra un solo cambio, y solo se percibe que empeorará, con la reducción de los deseos y el control total del pensamiento. Siempre ha habido guerra con una sola potencia, siempre hubo, hay y habrá victorias, repliegues y crecimiento económico, aunque la realidad nos diga que vamos a peor. Si el Partido dice que dos más dos son cinco, es porque es cierto (aunque algunas veces nos pedirá que demos otras respuestas). Este doblepiensa consiste en la muerte de la razón y la filosofía, y la nuevalengua el conducto por el que la muerte del pensamiento divergente será una realidad (en este caso, para 2050). Esto suele hacerme ruido cada que amigos profesores de instituto me mencionan que a los chavales les es difícil comprender metáforas y dobles sentidos, y le dan un uso romo y directo a las palabras, sin esforzarse en sus múltiples significados que nos ofrece el diccionario. Ayudados del universo que nos ofrece el reggaetón, es un buen comienzo para aprender y empezar a usar esta nuevalengua que ya vemos en las estrofas de sus canciones. A veces creo entender por qué programas tan decadentes como Gran Hermano (Big Brother en México) siguen vigentes en España.

Winston Smith fue una de las excepciones en su mundo de pesadilla, donde todos eran cuerdos menos él, donde sabía de antemano que solo pensar en contra del régimen estabas muerto porque sabía de qué se trataba el Gran Hermano. En nuestro mundo, en 2019, a dos minutos de la medianoche, ¿cuántos Winston Smith quedarán con el paso del tiempo?

1984 deja un mal cuerpo durante y al final de su lectura. Aun así, sigue siendo de mis libros recurrentes, sobre todo con la bella edición de Lumen que incluye un prólogo de Umberto Eco que no le hace justicia al libro ni a Orwell, y con un epílogo de Thomas Pynchon que sí complementa excelente.

orwell hijo.jpg
‘No es difícil pensar que Orwell, en 1984, estuviera imaginando un futuro para la generación de su hijo, un mundo del que deseaba prevenirles’, dice Thomas Pynchon en el epílogo de la novela.

[1] https://www.eldiario.es/tecnologia/Pegasus-software-vigilan-activistas-ONGs_0_816118875.html

[2] https://www.larazon.es/internacional/una-camara-oculta-en-el-palacio-de-lopez-obrador-II24798752

[3] https://www.eluniversal.com.mx/nacion/politica/perdono-pena-nieto-socio-de-software-de-espionaje-pegasus-de-fraude-fiscal

[4] Según Umberto Eco en el prólogo de la edición de Lumen.

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