El encierro dentro del encierro, reflexiones desde el Roque

Estoy en el Roque, y la marea ha subido. Cada veintiún segundos, los destellos se hacen más evidentes reflejándose en el océano. Sentado en la arena, espero al barquero para que me lleve de regreso a la costa, a lo que signifique ser mi mundo, porque ya he terminado mi labor de testigo silencioso en el islote que ha construido y carenado Antonio Tocornal con inmenso cuidado, hasta el filo de la última piedra. Todo es tan corpóreo y vivo, que me he olvidado que solo he leído una novela, y en vez de preocuparme por eso prefiero degustar la sal que llega en pequeños sobresaltos de brisa y que me recuerdan a mi propia infancia.

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No queda mucho más que decir sobre una novela cuando esta te impresiona y te deja sin palabras. En Bajamares Antonio Tocornal nos entrega un excelso trabajo narrativo, delicatesen, de primer nivel; un mundo aparte en el que he tenido la increíble fortuna de vivir unos días, a mitad de un periodo de la historia contemporánea que se escribe a cada momento, en propias palabras del autor.

No es ningún secreto el decir que los escritores somos entes raros. De hecho, es un requisito indispensable preguntarse qué tan bien se lleva la soledad, y cómo la utilizas a tu favor en tu propia prosa. Si no se pasa esta prueba, se detecta de inmediato y se sabe que ni el autor ni el texto valen la pena. Como consecuencia de esta locura podemos vivir la situación de las pandemias como pocos: la soledad y el encierro no nos suele afectar más de lo necesario. No pedimos a voz en grito que termine el confinamiento, ni enfermamos de la piel por anhelar el contacto humano. Todo lo contrario, en ocasiones —como el caso de Antonio para encontrar la voz del farero—, necesitamos aferrarnos a vivir en la cueva de Zaratustra hasta sus últimas consecuencias, para al final poder bajar con un poco de iluminación y un manuscrito bajo el brazo. Antonio Tocornal bajó de la montaña y nos obsequió en Bajamares una experiencia única, una novela que habla de reclusiones infinitas, de retruécanos mentales que juegan entre espejos de cordura, y donde todo lo damos por sentado hasta que la narración nos lleva hasta el núcleo mismo de la Tierra contenido en la pupila de una ballena, a encontrar la cruel verdad: el tiempo no se detiene.

Bajamares es una novela coral, de manufactura compleja —refiriéndome a su construcción narrativa—, ya que no suele ser fácil abordar una historia donde nos acompañan voces diferentes, y por consiguiente puntos de vista donde tenemos que saltar constantemente. Sin embargo, Antonio, arriesgando valientemente y sorteando esos peligrosos farallones de la narrativa, consigue que no solo nos hagamos fácilmente con su lectura, sino que esperemos el turno de cada voz ávidamente para que nos cuente secretos que van recalando en las mareas, que nos desvele razones para la locura y el aislamiento.

El tiempo me ha hecho cauto con la lectura. Desde que Antonio compartió fragmentos en sus redes sociales antes de su publicación, comprendí que a Bajamares tendría que leerla lenta y atentamente, paladeando su prosa, sumergiéndome tranquilamente en sus párrafos amnióticos y de profundidades envidiables. Como los grandes clásicos, llegaba un momento que ralentizaba todo lo que podía la lectura para aprehender los pensamientos, sentarme al lado del guardafaros en la arena y contemplar las estrellas, y fundirme en el tiempo del no tiempo, el que no significa nada, donde se insinúan negativos de vidas contenidas en sus páginas. Ha sido una experiencia interesante y enriquecedora que estoy dispuesto a repetir en un futuro.

El barquero llega. En silencio subo a su barca y me despido del Roque, su eterno faro que seguro seguirá con sus eternos destellos, su cala, su cementerio y sus inquilinos que permanecerán para siempre en ese trozo de arena y rocas. Gracias, Antonio, por compartirnos este mundo propio y tan increíblemente vívido y solitario en una época donde un bacilo nos ha venido a recordar que el tiempo puede carecer de sentido. Solo espero poder encontrarme con una talla balleniforme de madera flotando en el trayecto de regreso a mi mundo, y que la palabra que contenga en su lomo sea la palabra AMISTAD, porque la agradezco de corazón, por tus detalles y por esta historia en estos momentos precisos de sinsentidos mundiales. Gracias, Antonio.


Pueden adquirir la novela aquí:

https://www.edicionesinsolitas.com/producto/bajamares/

 

Para leer más de Antonio Tocornal:

antoniotocornal.com

 

Editorial Ediciones Insólitas

Nº de páginas: 236
ISBN: 978-84-121037-3-1


 

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