Kepler 62, la humanidad que no volverá

Héctor Martínez Sanz es un escritor que, cuando se propone algo, lo consigue. Con esta segunda novela que leo de él, compruebo que su evolución narrativa lo sigue llevando por caminos (y tiempos) insospechados. Con Misión 109: la tragedia del Lady Be Good, Héctor consiguió un drama sobresaliente sobre un accidente aéreo y la lucha de sus tripulantes por sobrevivir al desierto del Sahara en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Esta vez le tocó el turno al futuro quizá-remoto, a un planeta Tierra condenado porque a alguien se le ocurrió jugar con la caja de Pandora y dejó que los bichos salieran y se esparcieran por el aire a placer. Bichos llamados súper bacterias, súper virus, que dejan inutilizado a nuestro planeta para vivir en él. Este Desastre, como simplemente le llama Héctor a su propio Armagedón, obliga a los supervivientes a recluirse en módulos sellados, todos sin otra opción que confinarse, recluirse dentro; supervivientes condenados a ver desde el interior de construcciones selladas un planeta con cielos azules, verdes pastos y lluvias, como si no pasara nada allá afuera. Sin embargo, salir equivale a morir, pues sabemos que los virus, como la radiación, son invisibles hasta que los pillas.

Hoy, ¿les suena levemente a algo? (Guiño).

41QftL59cCL

 

Esta es la premisa de la novela: una última misión espacial, una sola tripulante, Eleanor Rice, y una biocomputadora que en apariencia está allí para ayudar a la misión de salvar a la humanidad de su extinción, controlando la nave y el viaje. Extrañamente, Martínez Sanz no se enfoca en lo obvio, en lo evidente, y esto se agradece, pues uno de mis mayores temores al leer ciencia ficción es cuando el autor cae en lo fácil, en la tecnofilia, en la seducción que producen los cacharros tecnológicos, las espadas láser y las naves espaciales. Aquí, el factor humano está por encima de lo anterior y es por esto que Kepler 62 tiene su propia voz dentro de este caudal inmenso del género sci-fi, que parece decaer últimamente por esta cuestión de abuso de la tecnología y los topicazos frikis estilo Star Wars que suelen aburrirme bastante. Respiré aliviado al descubrir que Héctor se enfoca en la protagonista, y en todo su recorrido que la ha llevado a sentarse frente a los mandos de esa última nave espacial con dirección al espacio profundo, donde parece aguardar un nuevo mundo, una nueva Tierra que albergará lo que queda del ser humano.

Eleanor es su protagonista, un personaje fuerte, y es para tomar en cuenta en estos tiempos que corren y buscan desesperadamente la igualdad de género. Desde el mismo momento de su presentación nos lo hace saber sin ambages: «Esta es mi voz. Esta soy yo». No puede haber un mejor principio que ese.

hector-martinez-sanz
Héctor Martínez Sanz

El coqueteo con la corriente orwelliana ha quedado impregnado en las páginas de Kepler 62 de una forma magistral, recordándonos hasta dónde puede llegar el hombre para postergar el último respiro (literalmente) en módulos sellados donde el oxígeno es un bien equivalente al oro. En estos rescoldos de sociedades supervivientes en un planeta intacto pero inservible se desea que cada persona aporte algo al avance de una búsqueda planetaria que se complica por momentos. ¿Qué pasa cuando no es así? ¿Qué pasa cuando alguien cuestiona las decisiones de los actuales líderes de la Tierra? Héctor Martínez ha pensado en todo.

Juegos de ajedrez sin el afán de ganar la partida, una novela escrita por el mismo Johannes Kepler que cuenta la leyenda de los habitantes de la Luna, y por la que le tildaron de loco. Todo cuenta en la comprensión de la búsqueda de un nuevo planeta. Otra de las facetas de la novela es la seriedad con que Héctor aborda la búsqueda misma. Está claro que no cualquier planeta sirve, por más parecido que sea a nuestra Tierra. Pero entonces, ¿qué opciones habría? ¿Qué factores se tienen que considerar primero? El autor ha hecho la tarea de investigación sobradamente en el tema. Yo soy astrónomo aficionado desde niño, con un pequeño título de la UNAM sobre planetas y galaxias, y debo admitir que con Héctor he aprendido unas cuantas cosas extraordinarias, datos que también me ayudan a la comprensión de la misión y que de nuevo no me hace caer en los topicazos de los viajes interestelares y los artefactos propios del género espacial.

Escribir ciencia ficción es un riesgo enorme hoy en día, por dos cosas: esta nos está alcanzando a una velocidad increíble junto con sus dilemas morales y las consecuencias planetarias que ya estamos viendo y viviendo, y dos, por la sobresaturación existente en cine y televisión (y mucho escritor emergente malísimo y flipado que cree dominar el tema). Solo alguien como Héctor Martínez Sanz podía atreverse a abordar este género dificilísimo, y por esto, mi enhorabuena y recomendación de Kepler 62.

Pueden conseguir la novela aquí:


 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s