Siempre nos quedará París

Terribles atentados terroristas cimbraron París, simbólica ciudad que representa luz y libertad contemporáneas. La historia la conocemos y la sangre derramada ya ha sido limpiada de sus calles. Casi al mismo tiempo, en Beirut, Líbano, otro atentado suicida acababa con la vida de 41 personas, dejando 230 heridos en sus calles; cabe señalar que una segunda explosión mató a quienes fueron a auxiliar a los heridos de la primera, completando un ciclo de locura inhumana. París, Beirut, ambos atentados contra población civil. Islam, religión de redes complejas, donde el fanatismo apuesta por matar fríamente porque es lo correcto. Un fanatismo alentado en gran medida por geopolíticas de Occidente.

Unos piden la erradicación completa del islam, otros, la expulsión de todos los musulmanes en Europa, algo que me parece verdaderamente ridículo. Malala, residente europea y premio Nobel de la paz, férrea defensora de sus creencias islámicas, ha señalado a las bestias que exhiben una errónea visión del Corán, empezando por la violencia desenfrenada contra sus mujeres y la prohibición de la educación: grupos fanáticos islamistas que también perpetraron sus conocidos atentados.

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Hay una gran diferencia entre creyente y fanático. Después de lo sucedido, el Estado Islámico (ISIS) debe someterse al juicio de la Humanidad cuanto antes y desaparecer de este mundo. ¿Por qué en las redes no hay #PrayforBeirut? ¿Ya es “normal” ver carnicería en esa parte del mundo? ¿Será normal en París algún día si sigue la tendencia fanática global de ISIS?

Zuckerberg fue evasivo respecto al uso de la herramienta de Facebook Safety check en París y no en Medio Oriente. Recordemos que Siria es un pastel encarnizadamente disputado y que aún sufre por la vorágine de las armas “en pos del terrorismo”. Las imágenes de la población civil víctima de los bombardeos franceses, norteamericanos y rusos, son terroríficas, de Holocausto. No le falta verdad a quien piensa que esto se puede complicar en una guerra entre potencias mundiales. Putin y Obama no han estado más distantes, sus discursos son cada vez más opuestos y sus verdaderos objetivos permanecen ocultos al escrutinio mundial, y como se dice coloquialmente, Francia “pagó el pato” esta vez.

Me quedo con la frase de mi camarada Juan Soto Ivars, escritor y periodista español de aguda crítica: “Ojalá Francia se mire al espejo de su historia y sostenga la grandeza de su libertad.”

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