Un versus: Apocalipsis vs La peste

Hoy es indudable que el mundo pasa por una etapa de crisis sanitaria que arrastra sinfín de consecuencias gracias al coronavirus. Una de ellas es quedarse en casa, enclaustrado. Y claro, se puede aprovechar para leer, y qué mejor para entrar en ambiente que estas dos novelas. Una, para leer y despreocuparse viajando por más de mil páginas a placer, otra, que debe leerse con calma, releerse incluso para asegurarse de lo grande que es la narrativa de un genio.

Empezamos con Apocalipsis (The Stand, 1978, reeditada en 1990) la que podría ser la mejor novela de Stephen King.

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King genera diversas reacciones, dependiendo el círculo en cuestión. Los críticos suelen detestarlo, pero es innegable que su pluma ha heredado gran parte del terror, horror y suspense que, transformándolo en su universo, suele provocarnos pesadillas hasta hoy. En su Apocalipsis, un virus letal escapa de unas instalaciones militares supersecretas y mata al 90% de la población mundial. No es tan sencillo; King nos muestra el proceso de contagio, cómo actúa el bacilo y los vanos intentos de controlarlo por parte del gobierno de los Estados Unidos, y no digamos curarlo.

La primera parte de la novela (para mí la mejor) es un festín de plaga, del vaciamiento de un país en auge industrial como lo es Estados Unidos, y la presentación de lo que considero son sus mejores personajes. No creo que King haya ideado algo igual para una novela, con tal profundidad y matices de los mismos: Stu Redman (un interesante pueblerino), Larry Underwood (un músico a punto de triunfar a lo grande y qué no sabe qué hacer con su vida), Fran Goldsmith (la tía débil-fuerte que afronta un embarazo no deseado), Nick Andros (un sordomudo y donde King nos abre una ventana a ese mundo silencioso) y el que creo es el mejor y más inquietante personaje: Harold Lauder, un estudiante de dieciséis años, gordito insegurísimo pero de gran inteligencia que evoluciona a unos niveles insospechados como personaje. Una gozada ir descubriendo lo que son capaces de hacer todos, buenos y malos en un mundo donde ya no existe ni la policía ni los médicos. La maldad no se queda atrás con Trashcan, un pirómano infantiloide que rinde devoción al villano, Randall Flagg, un mago sardónico y oscuro y que lleva el mal rollo allá donde se mueve, y que empieza a reclutar supervivientes para sus fines de dominación, contra los que a su vez recluta una anciana de más de cien años, Madre Abigail.

Hay escenas donde King logra verdaderamente que caminemos al lado de sus personajes, y él mismo lo ha dicho, pocas veces ha logrado transportarse con su pluma (y las drogas que con seguridad en ese tiempo se metía) y hay que decir que la salida de Larry de una Nueva York muerta a través del túnel Lincoln nos resonará bastante.

Pocas novelas han azuzado mi imaginación a tal nivel, y esto también se debe a que fue de las primeras novelas que leí en mi adolescencia (junto a Pet Sematary). Derivado de la miniserie que pasaban en canal 5 de México, quise descubrir el material original. Tras la gran sorpresa de saber que era una novela de 1,300 páginas, a ello me puse. Esa lejana vez quizá tardé casi un mes de locura, asombrado por las escenas tan vívidas y los personajes mejor logrados de King (ya que lastimosamente después se repetiría o se reciclaría con posteriores novelas).

En 2020, esta actual relectura me tomó seis días revivirla, y para mi asombro, es una novela que se sostiene bastante bien. Muchas películas y series han emulado indirectamente este trabajo, aunque con zombis. Las epidemias son un tema, además, lastimosamente actual (coronavirus) y esos personajes me vuelven a hablar casi con la misma intensidad con que los descubrí en mi adolescencia. Estoy ya esperando la nueva serie de CBS que saldrá este 2020, con un casting que se ve interesante (y al parecer Marilyn Manson será Trashcan) y que esperemos le haga justicia a la novela.

¿Es la mejor novela de King?

Para mí, ese puesto se lo disputa con It (Eso). Pero me parece que Apocalipsis, hoy, va ligeramente arriba.

Apunte: hoy ya no leo a Stephen King, es decir, sus novelas publicadas desde 2009, más o menos. De hecho, lo evito. La cúpula (Under the dome) fue la última gran decepción, y Cell otro tanto, pero no tan mala como la primera. Como dije, King ya recicla demasiado, y llegó a cansarme. Me quedo con sus novelas de los 70, 80, 90 y un poco del 2000.

Para acabar con King, les dejo este gracioso tuit, muy reciente:

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Camus, por su parte, hace una novela sobresaliente, intensa, a manera de crónica, de una ciudad llamada Orán. En medio de la monotonía de una urbe como cualquier otra, una rata aparece, tambaleante, a la puerta del doctor Rieux. Acto seguido, el roedor vomita sangre y se desploma. En los días siguientes, cientos, miles de ratas aparecen y mueren en las calles de la misma forma, en medio de espasmos y espumarajos de sangre. El asunto comienza a ser preocupación del gobierno, pero súbitamente dejan de aparecer. Cuando parece que todo estaba controlado y se celebraba la victoria humana, comienzan unas extrañas afecciones entre los conciudadanos: fiebres, bultos que supuran materia maloliente y dolor, mucho dolor. A pesar de que el doctor Rieux se resiste a creerlo, tiene que aceptar que se encuentra parado en medio del infierno de la muerte negra, cuando esta parecía erradicada de la historia de la humanidad.

Hay mucho, mucho que decir sobre Camus, su obra y las etapas temporales, sociales y de psicología que abarca la peste negra. Recalco que, a diferencia de Apocalipsis, su lectura debe ser lenta en ciertos tramos, releída y degustada. Las imágenes, la crónica, los personajes, aunque siempre bajo el enfoque del cronista-narrador, llevan esa carga inmensa de reflexión y pensamiento sobre una de las enfermedades más mortíferas de la historia de la humanidad. Y nos deja con la boca abierta. La escena del niño infectado y de las muertes finales son estremecedoras.

La carga filosófica también es algo a destacar, y bueno, el personaje de Tarrou ofrece mucho juego de pensar al doctor Rieux, que está a cargo de diagnosticar, intentar curar, y por fin, enterrar a mucha gente. ¿Qué impacto tiene la epidemia en alguien acostumbrado a tener el control de las enfermedades comunes?

No hay que perderse las escenas finales, y cuyo mero párrafo final es inquietante, demoledor. Está será sin duda una experiencia que resonará en los espíritus lectores por mucho tiempo, hasta que vuelvan a su relectura periódica (como seguramente cada que ocurra algo similar al coronavirus), y así para siempre.

Por eso es por lo que no he tenido nada que aprender con esta epidemia, si no es que tengo que combatirla al lado de usted. Yo sé a ciencia cierta que cada uno lleva en sí mismo la peste, porque nadie, nadie en el mundo está indemne de ella.

No hay suficientes líneas para hablar de lo grande que es esta obra. Lean, y saquen sus propias conclusiones sobre una pandemia. Camus nos ha legado un trabajo invaluable y digno de leerse una y otra vez.


 

2 comentarios en “Un versus: Apocalipsis vs La peste

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